Ventilar la ropa sucia: reflexiones sobre el secreto y el comportamiento sectario

Hace varios meses estoy con la idea de escribir algo relacionado al comportamiento sectario, un tema que me parece tan incómodo como fascinante. Y entre mudanzas, adaptaciones, trabajo y demás cosas que implica la vida, lo había dejado en el tintero. Hasta ayer, que nos vimos de una sentada la miniserie Cautiva*. Si algo valoro del streaming, es la cantidad de historias que nos deja conocer, aunque no todo ni todas sean reales, y los casi infinitos mundos con los que nos permite entrar en contacto de manera simbólica. No creo hacer mayores spoilers, así que pueden continuar leyendo, pero igualmente si quieren ponerle pausa a la lectura y ver la serie primero, este es su momento. 

La serie termina con una frase de Silvia Albarenque Rausch que dice: “Hay una frase que dice que el infierno es la mirada ajena. Yo lo siento al revés: desde que empecé a hablar públicamente, mi autoestima, tan aniquilada, comenzó a reconstruirse. Cuando salí del convento no tenía pelo, ni recuerdos, ni fuerza, ni identidad. Hoy tengo gente que me quiere, un título, proyectos, una casa. Para mi, la mirada del otro fue mi cielo.”. Esta frase me llevó a su homóloga “la ropa sucia se lava en casa” que escuché tantas veces en tantos espacios a lo largo de mi vida y que tanto he relacionado a lo largo del tiempo con el reforzamiento del comportamiento sectario. Por cierto, un dato curioso sobre mi vida, yo estuve muy cerca de un grupo bastante problemático a lo largo de mi adolescencia, estudié en un colegio del Opus Dei.

Para empezar, definamos qué entendemos por comportamiento sectario. Para aquelles que disfrutan las exquisiteces y puntualidades técnicas, hablar de sectas en general es un término erróneo a nivel técnico, principalmente porque esta palabra hace alusión, desde su raíz etimológica y uso histórico, a ideas religiosas. Y aunque muchas de las series y contenido con el que asociamos a estos grupos en las series –en este caso lo relatado en Cautiva que se da dentro de una orden de las Carmelitas Descalzas o el estado de Gilead, descrito por Margaret Atwood en The Handsmaid’s Tale–, las sectas no corresponden únicamente a grupos con ideas religiosas. Las hay también de tipo político, esotérico, ufológico –como el movimiento Raeliano relacionado a extraterrestres–, filosóficos, comerciales –del tipo de estafa piramidal–, pseudo-científico (las de autoayuda y bienestar emocional como NXIVM), etc. Por ello, el término correcto es grupos de manipulación destructivos. Por facilidad mía y de la lectura, aquí usaré el término sectas o GMD para referirme a los comportamientos que subyacen en algunos grupos que son los que me parecen importantes a notar y que resultan problemáticos. 

¿El problema es el grupo o son las ideas?

Para hablar y reflexionar sobre sectas, me parece fundamental empezar entendiendo qué es lo problemático en ellas. Porque luego es muy fácil generalizar y etiquetar de manera temeraria las cosas. Así que respondiendo a la pregunta: no, los grupos no son el problema ni las ideas en sí misas, sino los comportamientos subyacentes e intercambios que se practican en los GMD. Nuevamente, no es la forma, sino la función la que nos interesa. Así que independientemente las ideas que posean, familiares o no, conservadoras o liberales, el aspecto que resulta problemático es el control coercitivo. Es decir, las técnicas de persuasión y coerción que destruyen la capacidad de decidir crítica y voluntariamente en la persona. Y claro, algunas ideas se prestan a generar este control coercitivo de manera más efectiva o fácil. 

En Cautiva, esta destrucción de la capacidad de ejercer un juicio critico y voluntario en la protagonista queda muy bien representado. Cómo a través de una serie de acciones la priora desmantela cualquier indicio de voluntad en Clara y controla el entorno de tal manera que ésta crea que no hay más ley que la que su superiora dicta. En este caso, las ideas relacionadas a dios, el castigo, el pecado, la fe y la vocación, tienen un peso particular en el relato. Pero un elemento fundamental, y tal vez el punto focal para entender cómo se crea el control coercitivo, es la segregación. Cómo quien controla necesita que quien está bajo su control lave la ropa sucia en casa y no exponga lo que sucede a lo interno frente a posibles detractores. 

Lo personal es de todes

Algo que siempre me ha llamado la atención es lo frecuente que es toparnos conque algo que pensamos que solo nos ocurre a nosotres cuando en realidad le ocurre a muchísimas personas más. En consulta me topo con esto todo el tiempo, inquietudes y procesos que parecen muy extraños y hasta locos –en palabras de muchxs consultantes–, pero que en realidad son muy comunes. Y a la hora de hacer el análisis funcional podemos entender perfectamente el porqué: somos la misma especie y en muchas ocasiones estamos expuestes a información y contextos similares. Claro, existen variantes concretas y no hay dos comportamientos que ocurran igual, ni siquiera en un mismo ser, pero similitudes y puntos de encuentro suelen existir. Lo interesante es que en ese proceso de individualizar nos hemos separado y hemos llegado a ver extraño lo que es en realidad común.

En los GMD existen también algunos componentes de forma: un líder que se proclama como la persona poseedora de la verdad absoluta o de la única ley posible. Ese líder persigue intereses individuales: económicos, políticos, sexuales, poder, etc. que a la vez son las que el grupo refleja. Existen también seguidores o miembros que participan activamente en dichos grupos y, contrario a la creencia de que para ser secta deben existir muchas personas que participen de ella, las hay de todos tamaños. Desde el movimiento Rajnísh –cuyo líder fue por muchos años un personaje muy popular en la literatura de autoayuda, Osho– el cual en su mejor momento tuvo entre 200 mil y 500 mil seguidores; Twin Flame Universe, que según registros está compuesto actualmente de unos 2 mil miembros que pagan las costosas suscripciones y cursos que ofrecen; hasta grupos más reducidos como el de Antares de la luz, en la que oficialmente se reconoció a 7 integrantes**. A mi parecer, las más peligrosas son las pequeñas, porque son las que menos ruido hacen y que pueden estarse gestando en nuestros vecindarios sin darnos cuenta. 

Ahora, regresemos a entender al control coercitivo y a la necesidad de desvincular a la persona de espacios que le permitan ver otras posibilidades. Cuando hacemos algo podemos hacerlo desde dos posiciones: porque consideramos que hacerlo en sí mismo es bueno –como bañarte para disfrutar del contacto del agua caliente en la piel (o fría según te guste más, aunque no se a quién puede gustarle la sensación de agua fría en el cuerpo)– o porque consideramos que si no lo hacemos existirán consecuencias nocivas –bañarme para no apestar y recibir el juicio y desaprobación social–. Ninguna es mala en si misma y muchas cosas en la vida las hacemos por evitar consecuencias negativas. El problema es que aquí radica un punto importante del control que ejercen los GMD. Las personas no entran a una secta por voluntad porque en principio no saben a qué se están metiendo. Se les presenta algo que luego termina siendo completamente distinto. Y al momento de ver la realidad, el compromiso suele ser tanto que no permanecen porque crean en ello sino porque el coste de desafiar ese sistema de creencias puede resultar demasiado grande. Y así, el bucle se refuerza: a medida que se evita, se genera más compromiso, lo cual da paso a que exista más manipulación, más responsabilidad y menos posibilidades de salir***. 

Y es en esto en donde el factor aislamiento es fundamental: si no tienes contacto con otras ideas, otras personas, otras posibilidad y otra información, es menos probable que cuestiones lo impuesto. Porque al final, hay algo en ventilar las ideas que resulta profundamente importante en nuestra especie, desde encontrar consuelo en lo familiar, que alguien me diga “yo también he estado ahí”; hasta el reconocimiento de que no estoy ahí pero puedo identificar que eso que me dices te está haciendo daño y te lo hago saber, te acompaño y/o te aconsejo. Hace unos años vi el documental de una familia en Burari, India, en la que 11 miembros de una familia habían participado en un suicidio colectivo. Adultos mayores, jóvenes y menores, todes habían sido encontrades en la casa familiar, en la que recopilaron también diarios y documentos escritos sobre los mandatos y lineamientos que la familia debía seguir. Algo muy sectario. Dentro de estos lineamientos, estaba claro, el secreto: esto solo podían hablarlo en el núcleo familiar. La ropa sucia, debía lavarse en casa. 

Un aspecto que me conmovió mucho del caso, fue cómo las amistades de las víctimas adolescentes mencionaban que ambos se habían despedido esa tarde como un día cualquiera. Como con la certeza de que al día siguiente llegarían otra vez a jugar. Aunque hacían alusión a que tenían que atender a un asunto familiar, siempre me pregunté si existía en ellos la conciencia de que ese asunto familiar implicaba su muerte. Una real, no una simulación o acto simbólico de renacer, sino efectivamente el cese de sus vidas. Siempre pensé que no. Y siempre pensé también que hubiera pasado si la ropa sucia no se hubiera lavado en casa. Si alguna de las jóvenes hubiese podido conversar esto con una amiga, o si los chicos hubiesen podido hablar con alguien más de esto. ¿Qué hubiese podido significar para todas las personas que integraban esta familia, y que no querían morir, el saber que podían ventilar los secretos? Y que como decía Silvia Albarenque Rausch, encontrar en la mirada de otres, el cielo.

Más allá de entender: acompañar la vida después de la secta

Otro aspecto maravillosamente retratado en Cautiva fue lo que he visto que muchas personas refieren al salir de la secta: no saber quienes son, haberse perdido y caer en cuenta que la vida y el mundo es otro del que dejaron. Retomar la vida puede ser algo tremendamente abrumador. Requiere tiempo y una red dispuesta a acompañar. Acompañar más allá de las dudas, del juicio, del no entender cómo y por qué pasaron ciertas cosas. Es un sendero largo y difícil en el que estar fuera del grupo es tan solo el primer pasito. Los detalles son particulares de cada paso, pero en todos demanda esta apertura y disposición a este caminar de largo aliento. Me enojé mucho con el personaje de la madre de Clara, pero lo más valioso está al final, cuando decide dejar de verse a sí misma y elige quedarse. Me conmovió Nicolás, que vio cómo su hermana iba desapareciendo sin poder hacer nada al respecto y cómo encuentra la manera de romper el silencio y contar su historia. Admiré la valentía de Sol (Hermana Lucrecia) que supo reconocer los límites, revelarse ante la injusticia y alzar la voz, aunque eso significó que su recuerdo fuera lo único que le quedara a Clara de ella. Y en esto quiero hacer un énfasis importante: al sufrimiento y daño ejercido por las sectas se le gana en comunidad.

Espero que nunca nadie vuelva pasar por un grupo de manipulación destructivo y desearía saber cómo cortarlas de raíz. Pero tal vez estas son más un efecto del mundo tan fragmentado e individualizado que habitamos en estos tiempos y resultan una respuesta más ante el abandono y las maneras tan inhumanas que nos relacionamos en este mundo. Pareciera que estas son como el monstruo de las mil cabezas, desmantelan una y crecen siete más. Pero abriros a ventilar más nuestra ropa sucia puede ser el principio para hacer más evidente la presencia del monstruo y desarrollar estrategias para que no consuma y nos devore más. Ventilar nuestra ropa como ejercicio de volver lo personal, de todes. Y encontrarnos con que esa distancia deja de ser lejana cuando hace eco en la mirada de quien tengo al frente. 

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* Por cierto, la encuentran en el HBOmax y está basada en hechos reales.

** De todas estas que menciono encuentran algún documental o serie en las diversas plataformas de streaming por si quieren revisarlas un poco más a profundidad. 

*** Algo así como el bucle de agua-vapor-reactividad que dio paso al estallido del reactor 4 y que en la serie Chernobyl el personaje Valeri Legásov explica de manera magistral en el juicio, aunque en el juicio real no estuvo presente. Otra serie que me parece fascinante, por cierto. 

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